sábado, 22 de agosto de 2015

Jua José Arreola: Teoría de Dulcinea

En conmemoración del cuarto centenario de la publicación de la 2ª parte del Quijote, traigo hoy este relato del escritor mexicano Juan José Arreola, que hace una reinterpretación de las figuras de don Quijote y de Dulcinea, a la que saca de la imaginación cervantina para convertirla en persona de carne y hueso.



En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta. Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos. 
En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol. 
 El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. 
Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca. Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Victoriano Crémer: Canción para dormir a un niño pobre

Victoriano Crémer nace en Burgos el 18 de diciembre de 1906. Hijo de un trabajador de la Compañía de Ferrocarriles del Norte de España. Desde muy pequeño tiene que simultanear los estudios con pequeños trabajos como vendedor de periódicos o labores en el campo. Se traslada con su familia a León, donde tras completar sus estudios comienza a trabajar de mancebo de botica y de tipógrafo. Apoyó el movimiento anarco-sindicalista y estuvo encarcelado en la época de la guerra civil. Fue redactor de El Correo Español-El Pueblo Vasco, de Bilbao, Las Provincias, de Valencia, Diario de León, Informaciones, de Madrid y de El Norte de Castilla, de Valladolid. Obtuvo en 1951, el Premio Boscán de Poesía, concedido en Barcelona, por su obra Nuevos cantos de vida y esperanza y ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1962; el Premio de Poesía Castellana Ciudad de Barcelona en 1971, con el Premio Castilla y León de las Letras en 1994, con la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo en 2007, el Premio Gil de Biedma en 2008 por su poemario El último jinete y con la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en 2009. Victoriano Crémer falleció en León el 27 de junio de 2009, a los 102 años.
Entre su obra poética podemos mencionar: Tendiendo el vuelo (1928), Tacto sonoro (1944), Caminos de mi sangre (1947), Las horas perdidas (1949), Furia y paloma (1956), El amor y la sangre y Los cercos (1976). Ha escrito también las novelas Libro de Caín (1958) e Historias de Chu-ma-Chuco (1970), en las que se ocupa de temas sociales. Crémer escribió una poesía impura y humanizada, que conectaba con la línea de Pablo Neruda de los años 30 y aludió a los problemas obreros, tropezando en ocasiones con la censura de su época.   
Es uno de los mejores representantes de la llamada poesía desarraigada de posguerra y canalizó los intereses de toda una generación de poetas que encontraron en ella salida a su expresión. Crémer incluyó en su obra una serie de intereses que van desde las preocupaciones existencialistas a la denuncia de la injusticia social y la degeneración de los valores en la sociedad contemporánea.

En esa línea de denuncia social se inscribe este poema, que cuenta el diáologo entre un niño pobre y su madre. Aquél le pide comida a esta, y su madre, que no tiene nada que darle, se pierde en ensoñaciones para que su hijo trate de olvidarse de que tiene hambre.

Ángeles con espadas
custodian el aire.
Un toro de sombra
mugiendo en los árboles.

—Madre, tengo miedo
del aire.

Mira las estrellas.
Aún no son de nadie;
ni son del Obispo
ni son del Alcalde.

—Madre, quiero una
que hable.

Patitas de cabra
siguen vacilantes
al osito blanco
de la luna errante.

—Madre, quiero un oso
que baile.

Pandero de harina:
luna en el estanque.
Las cinco cabrillas
sin cesar, tocándole.

—Madre, se me hielan
las carnes.

Floridas de escarcha
ya son como panes.
La aurora las dora
y acorteza el aire.

—Madre, no te oigo.
¡Tengo hambre!

¡Uuuuuuuh...! Duerme, mi niño;
que viene el aire
y se lleva a los niños
que tienen hambre.

domingo, 16 de agosto de 2015

Enrique Jardiel Poncela: Un marido sin vocación


Jardiel Poncela (Madrid, 15 de octubre de 1901-Madrid, 18 de febrero de 1952) pertenece a lo que dio en llamar "la otra Generación del 27". Su obra, relacionada con el teatro del absurdo, se alejó del humor tradicional y se acercó a otro más intelectual, inverosímil e ilógico; rompió así con el naturalismo tradicional imperante en el teatro español de la época. Esto le supuso ser atacado por una gran parte de la crítica de su tiempo, ya que su humor hería los sentimientos más sensibles y abría un abanico de posibilidades cómicas que no siempre eran bien entendidas.


Nota: Narración escrita por el autor sin utilizar la letra “e”.

Un otoño -muchos años atrás-, cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.
-¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.
-¿Un matrimonio?
-Un matrimonio, sí -corroboró Ramón.
-¿Tuyo?
-Mío.
-¿Con una muchacha?
-¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?
-¿Y cuándo ocurrirá la cosa?
-Lo ignoro.
-¿Cómo?
-No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla…
Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.
A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La moda y la Casa (publicación para muchachas sin novio).
Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!… Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal…
Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:
-¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!
Y los amigos cogimos otro sandwich -dozavo- y otra copita. Y allí acabó la cosa.

Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí…
Al contrario: allí daba principio.
Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.
-¡Soy un idiota! -murmuró Ramón-. No valgo para marido, y lo noto cuando ya soy ciudadano casado…
Y corroboró rabioso:
-¡Soy un idiota!
Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los ojos subía dos mil grados la rabia masculina.
-¡Dios mío! -gruñía Ramón mirándola-. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa como unas natillas!… No hay ya salvación para mí…, ¡no la hay!
Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.
-¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! -gritó. (Silvia miró al parabrisas con infantil docilidad).
Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución:
-Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco valgo si no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada…
Y tal solución tranquilizó mucho a su alma.

Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón hizo la burrada inicial. Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.
-Grupo nupcial, ¿no? -indagó.
-Sí -dijo Ramón. Y añadió-: Con una variación.
-¿Cuál?
-La sustitución más original vista hasta ahora… Novio por fotógrafo. Hoy hago yo la foto… ¡Viva la originalidad!
Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:
-¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión. La cara más alta… ¡Cuidado! ¡Así!… ¡Ya!
Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los duros y salió con Silvia orondo y dichoso.
-¡Al auto! -mandó. (Silvia ahora iba llorando)-. ¡La cosa marcha! -susurró Ramón.

Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras una boda.)
Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.
-Yo viajo con los maquinistas -anunció-. Voy a la locomotora… ¡Hasta la vista!
Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita.
***
Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y marchó a la fonda a buscar a Silvia.
Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y cogido a su brazo mórbido y distinguido. Nutrido público los miraba al pasar, asombrado.
Silvia sufría cada día más.
-¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! -murmuraba todavía Ramón-. Pronto rogará Silvia un divorcio total. Sigamos con las burradas. Sigamos con la droga antimatrimonial, multiplicando la dosis.
***
Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón, un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.
Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo.
***
Por fin lo trasladaron al manicomio.
Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia… 


FIN

Ventanilla de cuentos corrientes, Madrid, 1930

jueves, 13 de agosto de 2015

José Antonio Ramírez Lozano: Catalina la de Merlo




Bonita iniciativa la que se viene desarrollando desde hace diecisiete años en Trigueros con un certamen intenacional de narraciones breves. La idea partió de un profesor de Educación Física del IES Dolmen de Soto, Luis Domingo Delgado, apasionado por la lectura y por la literatura. Lo propuso al director, que lo apoyó sin dudarlo. De ahí al ayuntamiento. Había que intentarlo. Pero todo concurso debe contar con un premio y con alguien que lo patrocine. El alcalde de entonces, Domingo Prieto, apoyó la idea e incluso sugirió el nombre del certamen, Fernando Belmonte, un humanista triguereño, abogado y diputado republicano. El ayuntamiento se hace cargo del pago del primer premio.
Después llegaron las colaboraciones de la Diputación Provincial, la Fundación Cajasol, empresas locales, la Delegación Provincial de Educación y La Caixa.
Y cada año por estas fechas se celebra una fiesta de la palabra para reconocer la obra de los premiados que se ameniza con actuaciones musicales, recitales poéticos, representaciones teatrales, etc.
Este año durante la entrega de premios ha intervenido el trío de capilla Gólgota interpretando piezas de Mozart y Gabriel's de Ennio Morricone, una delicia para los oídos. La segunda parte estuvo dedicada a saborear la palabra de la mano de La Caravana del verso, un recital poético magnífico conducido por la voz profunda y serena de Joaquín de la Buelga, que nos regaló la palabra bien dicha de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Julio Llamazares, Félix Grande,...
Fue el momento de comprender que la litertaura es eso, el oficio personal de un autor que llega a trascender y se universaliza, cuando produce la respuesta emocional en las gentes de otros sitios y de otros momentos.
Eso fue lo que pasó el viernes 12 de junio. Aunque el relato que os traigo en esta entrada es el que ganó en la edición del año pasado. El autor es José A. Ramírez Lozano, profesor de Lengua y Literatura en Secundaria y compañero de departamento del que esto escribe en el IES Mateo Alemán hace ya algunos lustros.
Se trata de un relato que habla de la incomunicación en la sociedad actual. Una incomunicación que lleva a la protagonista a buscar una palabra de amor, aunque para ello tenga que llegar a la impostura.
Pueden leerlo aquí.